Han pasado 28 años. Veintiocho. Casi tres décadas desde aquel día que todavía se clava como una espina, que aún arde como una injusticia que no se olvida. Y sin embargo, cada vez que volvemos a esas imágenes, a esos recuerdos, a ese estadio lleno, sentimos algo más fuerte que el dolor:
Orgullo. Identidad. Mallorquinismo puro.
Porque lo que vivimos aquel día no fue un simple partido. Fue una batalla emocional, un pulso contra gigantes, contra decisiones que aún hoy nos indignan, contra un destino que parecía escrito… pero que nosotros nos empeñamos en reescribir con coraje.
Lo que hicimos ese día fue enorme.
Aquel Mallorca salió al campo con alma, con carácter, con una valentía que hoy todavía emociona. Jugamos contra todo y contra todos. Y aun así, miramos a los ojos al rival más poderoso del momento y le dijimos:

La historia del Real Mallorca tiene citas imprescindibles. De cada año, de cada década que va pasando, son más las fechas que merecen un rincón de oro en el largo caminar del club bermellón. Sin duda, el 29 de abril de 1998, hace este sábado 25 años, sigue vivo en la memoria de los mallorquinistas. Ese día en Valencia, en el campo de Mestalla, el equipo dirigido por Héctor Cúper alcanzó al gloria como pocos equipos la han asumido: Perdiendo una final.
Cayó en la tanda de penaltis más agónica que recuerda la afición rojilla. Fue un vaivén de sensaciones, de alegrías y tristezas, de emoción y de ilusión.
Se degustó el dulce sabor del triunfo momentáneo con el bajonazo de ese penalti fallado primero por Stankovic, que hubiera supuesto el triunfo final y después por Eskurza en la muerte súbita.
“Aquí estamos. Somos el Mallorca. Y no nos rendiremos jamás.” F. Pou.
Las imágenes lo cuentan todo: la grada teñida de rojo. La entrega absoluta.
El sufrimiento.
La rabia.
La dignidad.
La sensación de que nos arrebataron algo que merecíamos… pero también la certeza de que nadie nos pudo arrebatar el orgullo.

Muchos de nosotros, los que hoy formamos la Penya M.V.P. Fanàtics Mayvan, éramos apenas unos críos. Jóvenes, inocentes, llenos de ilusión. Aquel día nos marcó para siempre.
Fue nuestro bautismo. El momento en que entendimos que ser mallorquinista no es fácil, pero es auténtico. Que este sentimiento no se elige: te elige él a ti. Que las derrotas duelen, pero también construyen. Que la injusticia une. Que la pasión se hereda, se contagia y se defiende.
Por eso hoy, cuando miramos aquellas fotos —las de la afición, las del equipo, las nuestras, las de cuando éramos juveniles y ya vivíamos el Mallorca como si nos fuera la vida— sentimos algo que no se puede explicar con palabras:
Ese día, muchos barcelonistas se hicieron mallorquinistas para siempre.
Seguimos recordando. Seguimos sintiendo. Seguimos defendiendo lo que somos. Seguimos siendo la voz de un sentimiento que no entiende de categorías, ni de resultados, ni de finales perdidas.
Porque aquel día, aunque no levantamos el trofeo, levantamos algo mucho más grande:
Una identidad. Una manera de vivir el fútbol. Una forma de resistir.
Un orgullo que no se negocia.
Aquel Mallorca hizo historia. Y nosotros, la Penya M.V.P. Fanàtics Mayvan, seguimos aquí para recordarlo, para honrarlo y para transmitirlo a quienes vienen detrás.
28 años después, el dolor sigue. Pero el orgullo… el orgullo es eterno.
Sempre endavant. Sempre Mallorca. Sempre Fanàtics.

