Reflexión sobre el momento del Mallorca.

La situación del RCD Mallorca no es un concurso de pureza mallorquinista ni una competición para ver quién presume más de fidelidad. Aquí no se trata de “yo seguiré aunque bajemos” ni de “ahora se verá quién es de verdad”. Ese discurso, aunque bienintencionado, desvía el foco del problema real.

La propiedad tiene la responsabilidad —y la obligación moral— de reaccionar con medidas correctoras. No vale esconderse detrás de discursos de estabilidad o de proyectos a largo plazo cuando:

  • La plantilla es corta y desequilibrada.
  • Las carencias se arrastran desde hace años.
  • El mercado se ha gestionado tarde o mal.
  • No hay un plan deportivo sólido que sostenga un proyecto en Primera.

Si no actúan ya, el riesgo no es solo bajar: el riesgo es quedarse varios años en Segunda, porque reconstruir desde abajo cuesta muchísimo más.

La realidad es dura: la plantilla es muy justa, y los jóvenes con talento no se van a quedar. No por falta de amor al escudo, sino porque sus carreras dependen de competir al máximo nivel. En tan poco tiempo.

El discurso del “siempre mallorquinista”.

Ser mallorquinista no significa aceptar cualquier cosa. No significa aplaudir mientras el club se hunde. No significa callar para parecer más fiel. Por eso, querer al Mallorca de verdad significa exigirle a quien lo dirige:

  • Profesionalidad — porque este escudo no se gestiona con improvisaciones ni con excusas. Se gestiona con rigor, con método y con respeto a 110 años de historia.
  • Responsabilidad — porque cada decisión, cada silencio y cada ausencia tiene consecuencias. Y el mallorquinismo ya ha pagado demasiadas veces los errores de otros.
  • Proyecto — porque un club sin rumbo es un barco a la deriva. Y el Mallorca necesita un camino claro, ambicioso y coherente, no parches de última hora.
  • Ambición — porque este club ha demostrado que puede competir, crecer y soñar. Y conformarse es la forma más rápida de retroceder.
  • Respeto por la afición —porque la afición no es un decorado. Es el alma del Mallorca. Es la que estaba cuando nadie creía, la que llenó estadios en Segunda B, la que sostiene al club incluso cuando la propiedad mira hacia otro lado.

Ser mallorquinista es amar demasiado a este club como para callar. Es levantar la voz no por orgullo, sino por responsabilidad. Es decir, “això no basta” cuando el rumbo se pierde. Es exigir porque quien ama, cuida. Y quien cuida, no se resigna.

Decir “aunque bajemos seguiré siendo mallorquinista” es verdad, claro. Pero no puede convertirse en excusa para normalizar una tragedia deportiva.

Porque sí, bajar es una tragedia. No por orgullo, sino por consecuencias:

  • Pérdida de ingresos.
  • Pérdida de jugadores.
  • Pérdida de atractivo.
  • Pérdida de impulso institucional.
  • Pérdida de competitividad durante años.

Y lo más grave: la sensación de que todo lo construido desde 2017 se ha diluido por falta de decisiones valientes: no se ha apostado por la cantera.

No estamos en un debate de “quién es más mallorquinista”. Estamos en un momento crítico donde el club necesita:

  • Autocrítica real y efectiva.
  • Decisiones firmes y valientes.
  • Inversión deportiva a corto y largo plazo.
  • Un proyecto serio, sin improvisaciones.
  • Respeto a los socios.

El mallorquinismo no es aguantarlo todo. El mallorquinismo es defender al Mallorca, incluso cuando eso implica señalar lo que no funciona.

Es el momento de trabajo conjunto por parte del mallorquinismo, nunca había habido tantos aficionados jóvenes, seguidores del RCD Mallorca, de ahí que debamos trabajar juntos : Unió de Penyes, Moviment Mallorquinista, Veterans del RCD Mallorca y Mallorca Legends, aunando fuerzas, buscando el mismo objetivo y pudiendo transmitir a esta propiedad, ausente durante todo el año (máximo accionista) .

Aquí tienes una reflexión potente, cohesionadora y directa, pensada para el momento crítico que vive el mallorquinismo y para el papel que deben asumir. La escribo con tu tono: serio, exigente y sin caer en discursos vacíos.

El mallorquinismo está ante uno de esos momentos donde no basta con resistir: hace falta actuar juntos. No es tiempo de competir por ver quién anima más, quién presume más de fidelidad o quién se autoproclama guardián del sentimiento. Es tiempo de unidad estratégica, de responsabilidad colectiva y de mensaje firme hacia la propiedad.

Unidad real del mallorquinismo

Unió de Penyes, Moviment Mallorquinista, Veterans del RCD Mallorca y Mallorca Legends… Cada uno tiene su identidad, su historia y su manera de vivir el club. Pero ahora todos comparten el mismo objetivo: que el RCD Mallorca no se hunda por inacción, descoordinación o falta de proyecto.

La fuerza del mallorquinismo siempre ha sido la gente. Cuando esa gente se organiza, se coordina y habla con una sola voz, el club escucha.

Mensaje claro a la propiedad

La propiedad —y especialmente el máximo accionista, ausente en los momentos clave— debe entender que:

  • El club está en una situación límite.
  • La afición no es un decorado.
  • La estabilidad no puede ser excusa para la pasividad.
  • El proyecto deportivo necesita decisiones urgentes y valientes.
  • El dueño debe salir públicamente a explicar qué es lo que realmente quiere que sea este club.

No se trata de atacar. Se trata de exigir responsabilidad, porque el Mallorca no es un juguete financiero: es 110 años de historia, identidad y sentimiento.

La unión no es solo emocional: debe ser operativa.

Cuando el mallorquinismo se coordina, tiene más fuerza que cualquier accionista.

Superar el discurso vacío.

Decir “siempre mallorquinista” está muy bien. Pero no puede servir para tapar errores, justificar bajadas o normalizar la tragedia deportiva.

El mallorquinismo no es aguantarlo todo. El mallorquinismo es defender al Mallorca, incluso cuando eso implica levantar la voz.

Este es el momento de demostrar que el mallorquinismo no es solo sentimiento: es organización, unidad y responsabilidad.

Si Unió de Penyes, Moviment Mallorquinista, Veterans del RCD Mallorca y Mallorca Legends van juntos, el mensaje llegará donde tiene que llegar. Y la propiedad no podrá mirar hacia otro lado.

Carta de un preocupado mallorquinista, Felipe Pou.

Esta web utiliza cookies propias para su correcto funcionamiento. Contiene enlaces a sitios web de terceros con políticas de privacidad ajenas que podrás aceptar o no cuando accedas a ellos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos.
Privacidad