La remodelación del organigrama del RCD Mallorca supone mucho más que un simple cambio de nombres. Es el reconocimiento de que había cosas que no estaban funcionando y de que el club necesitaba abrir una nueva etapa.
Desde la Penya MVP Fanàtics Mayvan valoramos positivamente que, cuando un proyecto no ofrece los resultados esperados, haya personas que den un paso atrás y asuman su responsabilidad. En cualquier organización seria, reconocer que es necesario un cambio no es un signo de debilidad, sino de responsabilidad y de respeto hacia la institución.
Celebramos especialmente el mayor protagonismo que adquieren Rubén Forcada y Albert Salas. Son dos personas que han demostrado conocer el club, entender su entorno y, sobre todo, comprender que el RCD Mallorca no puede vivir de espaldas a su afición.
Queremos hacer una mención especial a Román, responsable del Área Social del RCD Mallorca. Creemos que es justo reconocer su trabajo porque, desde que asumió esta responsabilidad, siempre ha mostrado cercanía, disponibilidad y respeto hacia las peñas y los aficionados. Ha sabido estar cuando se le ha necesitado y entendemos que representa precisamente esos valores que el club debe seguir potenciando.
El Mallorca necesita dirigentes que escuchen, que estén cerca de los peñistas, de los abonados y de la gente que sostiene este club desde hace generaciones. Necesita empatía, diálogo, humildad y un sentimiento mallorquinista real. Valores que, desde nuestro punto de vista, han brillado por su ausencia en determinadas áreas durante los últimos años.
El crecimiento económico es importante y los buenos resultados comerciales merecen reconocimiento. Pero un club como el RCD Mallorca no puede medirse únicamente por balances, patrocinios o cifras de negocio. Su mayor patrimonio sigue siendo su gente. Y cuando esa gente se siente ignorada o alejada de quienes toman las decisiones, algo falla.
Por eso entendemos esta reorganización como una oportunidad para reconstruir puentes entre el club y su masa social. Confiamos en que Rubén Forcada y Albert Salas aporten esa cercanía, esa capacidad de escuchar y ese mallorquinismo que tantos aficionados echaban de menos.
El RCD Mallorca debe volver a mirar a su gente. Debe recuperar la ilusión, el respeto por sus peñas y el orgullo de representar a toda una isla. Porque un club puede crecer económicamente, pero si pierde su identidad, termina perdiendo aquello que lo hace verdaderamente grande.
Esperamos que este sea el inicio de un cambio de rumbo. Un Mallorca más cercano, más humano y más mallorquinista. Ese es el Mallorca que queremos y por el que seguiremos trabajando y animando desde la grada.
“Los cargos pasan. El Mallorca permanece. Y quienes tienen el privilegio de dirigirlo deberían recordar siempre que están al servicio del club y de su afición, nunca al revés.”

