En Son Moix no fue un rugido: fue un estallido que sacudió toda la isla. No fue un gol cualquiera, ni siquiera un momento aislado. Fueron dos zarpazos consecutivos, dos golpes de autoridad del Pirata que cambiaron para siempre la historia del club. Primero llegó el tanto que igualaba a Samuel Eto’o, y apenas cuatro minutos después, el que lo superaba. Con ese doblete legendario, Vedat Muriqi firmó su gol número 55 en LaLiga y se coronó como máximo goleador histórico del RCD Mallorca, un título reservado solo para quienes se convierten en eternos.
Para la afición mallorquinista, este hito no es solo una cifra. Es la prueba viva de una historia de superación, entrega y amor por unos colores. En un año donde cada punto se celebra como una victoria y cada jornada es una batalla por seguir en la élite, el doblete de Muriqi no solo rompe un récord: alimenta la ilusión de toda una isla por mantenerse un año más en LaLiga. Porque cuando el Pirata marca, Mallorca entera respira, sueña y se levanta.
Vedat Muriqi llegó a la isla como un gigante silencioso, un luchador incansable que convirtió cada balón dividido en una batalla ganada. Con su garra, su humildad y esa conexión inmediata con la grada, dejó de ser solo un delantero para transformarse en un símbolo. En un referente. En uno de los nuestros. F. Pou
El gol histórico llegó como llegan las gestas que se recuerdan toda la vida: con suspense, con emoción, con ese latido acelerado que solo el Mallorca sabe despertar. Fue un instante en el que todos los peñistas contuvimos la respiración, unidos por la misma ilusión. Y cuando el balón besó la red, Son Moix no explotó: ardió en pasión mallorquinista. No era solo un estadio celebrando. Éramos todas las peñas, todos los mallorquinistas, sintiendo cómo la emoción nos recorría por dentro, abrazando a nuestro nuevo héroe y dejando que la ilusión nos encendiera el alma. Un gol que no solo hizo historia, sino que reforzó ese orgullo que nos une y nos hace creer siempre un poco más.

Muriqi, con los ojos humedecidos por la emoción, no solo señaló el escudo: lo abrazó con el alma.
Luego alzó el brazo hacia la grada, hacia todos los peñistas que lo han alentado en cada batalla, como diciendo:
“Este récord también es vuestro”.
Porque para él —y para nosotros— este gesto no pertenece a un solo jugador, sino a toda la familia mallorquinista que lo ha acompañado en cada salto, en cada remate, en cada lucha cuerpo a cuerpo.
Con este logro, el Pirata no solo se sienta en la mesa de los más ilustres: la preside con orgullo bermellón. Ha entrado en la historia por la puerta grande, pero lo más emocionante es que su travesía en la isla sigue viva, más intensa que nunca. Cada partido suyo es una declaración de amor al escudo. Cada gol, un rugido que une a todas las peñas. Cada gesto, un nuevo capítulo en una leyenda que crece jornada tras jornada.
Hoy, Mallorca celebra.
Hoy la afición celebra.
Hoy, Vedat Muriqi ya es eterno.
Muriqi no es solo un goleador histórico: es el símbolo de que este Mallorca lucha, resiste y sueña. Y mientras él siga peleando ahí arriba, mientras la afición siga empujando desde la grada, nada está perdido.
Porque este equipo ya ha demostrado que cuando la isla se une, cuando las peñas laten al mismo ritmo, todo es posible.
Y sí, mallorquinistas…

